Un peeling consiste en la eliminación de las capas superficiales de la piel para dar un mejor aspecto a la misma.

Existen fundamentalmente dos tipos de peeling:

FÍSICOS: frotando para eliminar las sucesivas capas de la piel

QUÍMICOS: con agentes o productos que realizan esta función. Son los más utilizados y a su vez se pueden clasificar en superficiales, medios y profundos según el agente utilizado.

Los peelings nos permiten renovar las capas superficiales de la piel aumentando a la vez la producción del colágeno, lo que produce que ésta esté más luminosa y tersa. Específicamente se pueden tratar problemas derivados del acné (disminuyendo la producción de grasa y mejorando las cicatrices), de manchas solares (realizando despigmentación) y del envejecimiento (disminuyendo las arrugas superficiales)

Para su aplicación es importante una valoración y anamnesis previa cuidadosa para evitar complicaciones. Para conseguir los efectos deseados puede ser necesario la aplicación de un peeling una vez cada mes durante 6 meses, aunque los peelings profundos consiguen hacerlo en una sola aplicación.